Marcos Ramos «Estructuras para el fracaso»
Zas Kultur inaugura «Estructuras para el fracaso», una exposición individual del artista Marcos Ramos, que ya participó en el programa Trashumantes en 2025. La muestra, que podrá visitarse durante dos meses, presenta una investigación pictórica que parte de la observación de casas rurales en ruinas para abordar la memoria, la fragilidad de lo humano y la distancia entre las promesas de progreso y la realidad.
Vigas carcomidas, tejados vencidos, muros desmoronados y vegetación que avanza sobre antiguas viviendas constituyen el punto de partida de estas obras. Ramos encuentra en esas construcciones las huellas de formas de vida que desaparecen, pero también una imagen de las expectativas que no llegaron a cumplirse. Su mirada conecta así el deterioro de los edificios con la pérdida de las certezas sobre las que se había imaginado el porvenir. En el planteamiento del artista, las ruinas remiten a la experiencia de una generación que creció bajo la promesa de que la formación académica, el trabajo y el esfuerzo individual conducirían a una vida estable. Las sucesivas crisis económicas, la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda y la emergencia medioambiental han desdibujado aquel horizonte. Las casas abandonadas se convierten, desde esta perspectiva, en una metáfora de la erosión de los relatos que vinculaban el mérito con la prosperidad y el bienestar.
Esta reflexión toma forma mediante una pintura que se mueve entre la figuración y la abstracción, con la tinta china como principal medio de exploración. Los gestos libres, las pinceladas enérgicas y los contrastes entre manchas y vacíos construyen imágenes que parecen experimentar el mismo desgaste y la misma fragmentación que los espacios representados. Aunque las obras parten de lugares concretos y estructuras reconocibles, el gesto y la materia pictórica adquieren protagonismo frente a la reproducción fiel de la arquitectura. La vegetación que invade las construcciones introduce, además, una tensión entre los intentos humanos de ordenar el territorio y los procesos naturales que terminan desbordándolos. La ruina aparece como un espacio en transformación, donde conviven la memoria de lo que existió, las expectativas incumplidas y la incertidumbre de lo que está por venir. Como dice el artista, «pintar la ruina es, en definitiva, interrogarse sobre aquello que permanece cuando las promesas de futuro se desmoronan y sobre las posibilidades que pueden surgir de sus fragmentos».
